Cuando hablamos de “metodología Ágil” nos estamos refiriendo a una nueva forma de hacer las cosas, en tanto surge como alternativa a los procedimientos formales al momento de realizar cualquier producto. Para sustentar esta metodología se estableció una suerte de marco teórico desde el cual partir. Todos entendemos que cuando hablamos de metodología nos estamos refiriendo al procedimiento que empleamos para realizar algún trabajo, pero cuando hablamos del marco teórico nos referimos, de manera general, a las ideas regidas por reglas y principios que sustentan dicho método.

El objetivo de la metodología Ágil es ofrecer una forma de trabajo que nos permita acortar los tiempos en el desarrollo, eliminar la incertidumbre, mejorar la eficiencia y la calidad de los productos finales. También tener capacidad de respuesta a los cambios que surgen generación tras generación y satisfacer al cliente a través de dos elementos indispensables: la entrega puntual y  la retroalimentación continua.

Sin embargo, Ágil no establece pautas, sino 4 puntos que no deben descuidarse al momento de desarrollar cualquier producto y que definen el marco teórico o principios que nos regirán durante la realización del producto.  

  1. Valorar a los individuos por encima de los procesos y las herramientas. Esto quiere decir que, a pesar de que los procesos facilitan el desarrollo del trabajo y las herramientas son útiles para realizarlo, no debemos subestimar el ingenio de individuos que puedan resolver determinadas situaciones empleando procesos y herramientas alternativas. Lo indispensable es saber cómo resolverlo y demostrarlo. Los procedimientos y las herramientas se agotan, se vencen; el ingenio no.
  2. Comunicación con clientes y consulta previa de prototipos. Aunque toda investigación o invención requieran de documentación, suele resultar más factible emplear dos procesos: a) consultar continuamente los deseos y requerimientos del cliente y b) revisar prototipos previos de lo que estemos desarrollando para evitar errores ya cometidos. Principalmente, porque el valor más importante recae en el producto final no en sus antecedentes ni presupuestos.
  3. La relación con el cliente: cada vez es más importante mantener una relación continua e interactiva con el cliente. No debemos limitarnos a una relación basada en las responsabilidades adquiridas de cada uno. La realización de productos cuyos detalles no puedan ser previstos desde el principio o donde el entorno los modifique velozmente, tiene mayor eficacia cuando la transformación del producto final ha sido paulatino y por etapas. La realización y verificación continuas otorgan mayor efectividad al producto final, y esa efectividad sólo se logra sometiendo el producto a críticas y correcciones.
  4.  Los principales valores de la gestión ágil son la anticipación y la adaptación. Cuando estamos en la realización de un producto caracterizado por la inestabilidad y los cambios inesperados, resulta mucho más efectivo tener capacidad de respuesta, que seguimiento de un plan previamente establecido.

 

En este sentido, la metodología Ágil persigue hacer más llevaderos los procesos de elaboración y desarrollo de un producto, debido a que lo que nos importa es que el resultado final sea el más óptimo. No es necesario someterse a procesos engorrosos, sino hacerlo más llevadero, práctico e interactivo para así lograr la mejor versión de nuestro producto y la máxima satisfacción de nuestro cliente.