Design Thinking: El fracaso no es una tragedia, si no parte del proceso de innovación

Design Thinking: El fracaso no es una tragedia, si no parte del proceso de innovación

El mundo siempre nos ha presentado un gran dilema: lo que es versus lo que debería ser; cualquier emprendedor, que esté a punto de lanzar su idea, está al tanto de esta diatriba. ¿Pero qué implica esta obviedad? Significa que, si se quiere incursionar en el mercado con un nuevo producto, se debe prestar cercana atención a cómo se crea, cómo se comparte y cómo interactúa esa novedosa idea. En el mundo actual, todo pasa por las formas.

No es de extrañar que muchas ideas nuevas fallen. La experiencia nos dice que la mayoría de las ideas emprendedoras del mundo actual no proveen datos objetivos, antes de su lanzamiento. Según Roger L. Martin, profesor de la Universidad de Toronto, la forma tradicional de analizar el mercado ha quedado obsoleta.

La importancia del diseño

Las pruebas actuales se afianzan, al principio, en un factor lógico (sería relevante crear una app que identifique canciones con solo escuchar un fragmento); posteriormente, iniciamos una búsqueda de antecedentes y datos (Soundhound y Shazam tienen una gran comunidad. A ellos les ha resultado el negocio); y, por último, apelamos a nuestras emociones (me encanta mi idea… amo la música, me sentiría bien dando este servicio y generando ganancias, al mismo tiempo). A este punto, todo parece ir bien. La ecuación final es: lógica+datos+emociones.

El problema surge cuando el emprendedor trata de dar balance a estas tres variables. Si se es demasiado lógico, el proyecto puede resultar frío; si se es muy emocional, el proyecto puede asumirse como poco serio; ¿y los datos: qué tan seguro estamos de su factibilidad? Al respecto, el profesor Martin expone: “las pruebas de mercado provienen de análisis de datos pasados. Y, cuando miramos hacia adelante, las pruebas sólo serán efectivas en la medida en que el futuro sea idéntico al pasado. Entonces, si asumimos el hecho obvio de que el futuro es notoriamente diferente al pasado, podremos ver que la lógica y los datos combinados de estas pruebas nos transportan a terrenos poco seguros donde solo se podrá obtener una verdad condicionada y con altas probabilidades de convertirse en una falacia”.

Ante este desafío, el Design Thinking surge como una metodología eficiente para conciliar estas tres variables. Veamos, porqué.

… el producto es para los usuarios.

El design thinking es una mirada holística que nos permite transformar –de manera efectiva– ideas abstractas en realidad. Su principio es la realidad. Su fin es la realidad. El punto está en hacer tangible cada idea que se nos ocurra. Por ende, como el aquí y el ahora son el principio y fin de esta mirada, sus procesos deben ser acordes también al presente. ¿De qué manera?

Enfócate en valores humanos:

Debes tener empatía por las personas para las cuales estás diseñando (creando). La retroalimentación de estos usuarios es fundamental para lograr un buen diseño (producto).

No lo digas, muéstralo:

Comunica tu visión de una manera significativa e impactante, creando experiencias y contando buenas historias.

Estar consciente del Proceso:

Tener claro el proceso y saber qué métodos utilizaste para desarrollar tu idea.

Cultura de prototipos:

Hacer prototipos es una forma genuina de validar tus ideas (y obtener datos certeros); además, prototipar es parte integral de todo proceso de innovación, en la actualidad.

Incita a la acción:

Más allá de su nombre, design thinking significa acción. No lo pienses mucho: hazlo.

Grandes empresas, de diferentes rubros, (Pepsi, Spotify, Google) están usando design thinking para el desarrollo de sus nuevos productos; incluso, ya hay casos de procesos de pensamiento de diseño en campos tan robustos como el de la banca (Westpac Group, el banco más grande de Australia aplica DT en sus procesos).

La gran ventaja es que cualquier emprendedor puede trabajar con Design Thinking; no se trata de una metodología inaccesible. Todo lo contrario. Solo necesitas creatividad y un estoico impulso a la acción. No lo pienses mucho, hazlo. Prueba, equivócate, corrige y vuelve al ruedo.

En el mundo, de cada 10 proyectos de emprendimiento, 8 fracasan. Aunque parece un promedio alarmante, no lo es. La tragedia está cuando apuestas todo tu mazo sin realmente mirar al exterior: el fracaso será costoso y mortal. En cambio, si miras a tu alrededor, si realmente consultas a tu público meta, si prototipas… probablemente fracases, pero lo harás al principio, en poco tiempo y con baja inversión. Entonces, no habrás fracasado realmente, has ganado; porque tendrás la experiencia (y te quedarán recursos) para girar tu idea y volverla realmente competitiva dentro del mercado.

Diseñar es hacer, sin más. En las consecuencias estarán los resultados: no más especulación. No más fracasos incorregibles.

 

 

Te invitamos a participar del taller Design Thinking que se realizará el jueves 23 de Febrero a las 18:30, averigua más a continuación..

Taller Design thinking